Las mil y una noches
Las mil y una noches Juzgad cuál serÃa mi sorpresa cuando al despertar encontré a mi lado a una mujer negra con dos perras del mismo color.
—Yo soy —me dijo— la serpiente a la que acabáis de libertar de su más cruel enemigo, y en recompensa os traigo convertidas en perras a vuestras traidoras hermanas, con la condición de que todas las noches habéis de dar a cada una cien latigazos para castigarlas por su infame conducta. Si faltáis a esta condición, vos misma seréis convertida en perra y sufriréis grandes martirios.
Ofrecà cumplir lo que me imponÃa aquella mujer, que era una hada, y en el acto nos trasladó a nuestra casa de Bagdad.
Desde entonces trato a mis hermanas de la manera que habéis visto, y les manifiesto con mi llanto la pena que me causa el obedecer la orden cruel de que antes he hablado. Esta es mi historia.
El Califa, después de haber escuchado a Zobeida con admiración, dijo al Visir que rogase a Amina les explicara por qué tenÃa los pechos llenos de cicatrices.