Las mil y una noches

Las mil y una noches

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un mes después de mi casamiento, teniendo necesidad de comprar algunas telas, pedí permiso a mi marido para salir a adquirirlas, y él me lo concedió.

—Mi buena señora —dijo la vieja que me acompañaba, en cuanto estuvimos en la calle—; puesto que deseáis magníficas telas, deberíamos ir a casa de un joven mercader a quien yo conozco.

Me dejé conducir por ella, y cuando estuvimos en la tienda pedí al hermoso mercader, por conducto de la vieja, que me enseñase las mejores telas que tuviera.

Mostróme el mercader una que me gustó sobremanera, y mandé a la vieja que le preguntase el precio.

—No la vendo; pero la regalaré gustoso a la señora si me permite que la bese en las mejillas.

Ordené a la vieja que dijese al mercader que era un atrevido y un desvergonzado; pero aquélla, en vez de obedecerme, trató de persuadirme de que no tenía importancia lo que el joven pedía, pues sólo se trataba de que le presentara yo una mejilla.

Tan encaprichada estaba yo de aquella tela, que seguí el consejo de la vieja.

Pero el mercader, en lugar de besarme, dióme un tremendo mordisco que hizo brotar la sangre de mi mejilla.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker