Las mil y una noches
Las mil y una noches 
EL labrador, al ver el asno en estado tan deplorable, quiso saber lo que iba a pasar entre él y el buey, y, acompañado de su mujer, fué a la cuadra cuando el asno preguntaba a su compañero qué pensaba hacer al dÃa siguiente.
—Haré lo que tú me has aconsejado —repuso el buey—; es decir, fingiré que quiero dar de cornadas a todo aquel que se me presente por delante.
—Me parece muy bien —replicó el asno—; pero te advierto que esta mañana he oÃdo decir al amo que, ya que estás enfermo y no puedes trabajar, que te maten en seguida y que llamen al carnicero antes que enflaquezcas.
Estas palabras produjeron el efecto que el asno se proponÃa, y el buey dió un mugido de terror.
El labrador prorrumpió en una carcajada tan grande, que su mujer se quedó sorprendida. Quiso saber la causa, pero su marido le dijo que era un secreto, y que se contentase con verle reÃr.
—No; quiero saber la causa.
—Me es imposible decÃrtela; me rÃo de lo que el asno está diciendo al buey; lo demás es un secreto que no te puedo revelar, pues de lo contrario me costarÃa la vida.