Las mil y una noches
Las mil y una noches El mercader alargó la mano, tomó un bocado y se lo llevó a la boca con visible repugnancia; pero entonces notamos, con la natural sorpresa, que sólo tenía cuatro dedos en la mano.
—¿Cómo habéis perdido el dedo pulgar? —le preguntó el anfitrión.
—Señor —contestó el mercader—, también he perdido el pulgar de la mano derecha así como el de los pies, y estoy cojo por un percance inaudito que os contaré con agrado, si me permitís que antes me lave las manos.