Las mil y una noches
Las mil y una noches Ésta mandó que me levantara y me hizo el honor de preguntarme mi nombre y el de mis padres, y de informarse del estado de mi fortuna, y otras interioridades, a todas las cuales contesté satisfactoriamente.
—Estoy muy satisfecha —me dijo luego— de que mi hija (asà llamaba a su favorita) haya hecho tan acertada elección; y desde luego doy mi consentimiento para que os tome por esposo. Hablaré al Califa y estoy segura de que no se opondrá a mis deseos. Entretanto no os ausentaréis de este palacio.
Al cabo de diez dÃas, Zobeida hizo extender el contrato, se verificaron los esponsales, y durante nueve dÃas se celebraron grandes fiestas en el palacio del Califa.
Siendo el dÃa décimo el señalado para la ceremonia del matrimonio, la dama favorita fué conducida al baño por una parte y yo por otra, y al atardecer me sirvieron de comer varios manjares condimentados con ajo, entre ellos uno como el que ahora se me obliga a comer.
Lo encontré tan sabroso, que apenas probé los otros platos. Mas, por mi desgracia, cuando me levanté de la mesa, me limité a secarme las manos en vez de lavármelas cuidadosamente.