Las mil y una noches
Las mil y una noches Mi hermano tuvo quehacer para cinco o seis días con las veinte camisas para el molinero, quien le dió después otra pieza de tela para que le hiciera igual número de calzones. Cuando estuvieron acabados, Bacbuc se los llevó al molinero, quien le preguntó cuánto era su trabajo, a lo que mi hermano le dijo que se contentaría con veinte dracmas de plata. El molinero llamó entonces a la esclava y le dijo que le trajera las balanzas para ver si era de peso el dinero que iba a darle. La esclava, que estaba avisada, miró a mi hermano con enojo, dándole a entender que iba a echarlo a perder todo, si recibía dinero. Así lo entendió y rehusó tomarlo, aunque lo necesitaba y me había pedido prestado para comprar el hilo con que había cosido las camisas y calzones. Al salir de casa del molinero vino a rogarme que le dejara algún dinero, diciéndome que no le pagaban. Díle algunas monedas de cobre que tenía en la bolsa, y con esto vivió algunos días, aunque sólo se mantenía de patatas, y aun de ellas con suma escasez.