Las mil y una noches
Las mil y una noches Un día entró en casa del molinero, que estaba ocupado en sus quehaceres, y creyendo éste que mi hermano iba a pedirle dinero, se lo ofreció; pero la esclava, que se hallaba presente, le hizo otra vez una seña, lo cual le estorbó el admitirlo, respondiendo al molinero que no iba por eso a su casa, sino para informarse de su salud. El molinero se lo agradeció y le dió a hacer otro vestido. Bacbuc se lo llevó hecho al día siguiente, el molinero sacó su bolsa, pero bastó que la esclava diera una mirada a mi hermano para que éste le dijera al molinero:
—Vecino, no es asunto de apuro; ya arreglaremos cuentas otra vez.
Así, aquel pobre tonto se retiró a su tienda con tres grandes achaques, esto es, enamorado, hambriento y sin dinero.
La molinera pecaba de avarienta y mal intencionada; no se contentó con frustrar a mi hermano de lo que se le debía, sino que movió a su marido para que se vengara del amor que le estaba profesando, y se valieron del siguiente medio: El molinero convidó una noche a Bacbuc a cenar, y después de haberle tratado mal, le dijo:
—Amigo, quedaos aquí, porque ya es tarde para que os retiréis.