Las mil y una noches

Las mil y una noches

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bien me lo habíais dicho que hallaría una dama buena, amable y encantadora. ¡Cuánto os debo!

—Aun eso no es nada —le respondía la vieja—, más veréis dentro de poco.

La joven tomó entonces la palabra, y dijo a mi hermano:

—Sois un hombre honrado y me alegro de hallaros tanta apacibilidad y condescendencia con mis caprichillos, y un genio tan conforme con el mío.

—Señora —repuso Bakbarah, prendado de aquel agasajo—, yo no soy dueño de mí; soy todo vuestro y podéis disponer de mi albedrío.

—¡Qué complacencia me causáis con esa sumisión! —replicó la dama—, y para manifestároslo, quiero que también la tengáis. Traed —añadió—: el perfume y el agua de rosas.

A estas palabras salieron dos esclavas y volvieron al punto, una con un braserillo de plata en el que había madera de áloe de la más exquisita, con la que le perfumó, y la otra con agua de rosas, con la que le roció rostro y manos. Mi hermano estaba fuera de sí, tal era su alborozo al verse tratar tan honoríficamente.

Tras esta ceremonia, la joven mandó a las esclavas que habían tocado y cantado antes, que volvieran a proseguir sus conciertos. Obedecieron, y, entretanto, la dama llamó a otra esclava y le dió orden de que se llevara a mi hermano, diciéndole:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker