Las mil y una noches
Las mil y una noches Para coronar su fracaso, al pasar por delante de la casa del Juez de policía, este magistrado quiso saber la causa de aquel alboroto, y los curtidores le dijeron que habían visto salir a mi hermano en aquel estado por una puerta del aposento de las mujeres del gran Visir, que caía a la calle. Con este motivo, el Juez mandó que le dieran cien palos al desgraciado Bakbarah en las plantas de los pies y lo echaron de la ciudad, prohibiéndole volver a ella.
He aquí, Comendador de los creyentes —le dije al califa Mostanser Billah—, la aventura de mi hermano segundo que deseaba referir a Vuestra Majestad. Bakbarah ignoraba que las damas de nuestros principales señores se divierten a veces a costa de los jóvenes bastante mentecatos para caer en semejantes lazos.
Aquí tuvo que pararse Scheznarda, porque vió asomar el día, y a la noche siguiente prosiguió su narración.
—Señor, el barbero, sin interrumpir su relato, pasó a explicar la historia de su tercer hermano.