Las mil y una noches
Las mil y una noches Tampoco anduvieron escasos en aporrearle cuantos le pudieron alcanzar; y no contentos con maltratarle, lleváronle ante el Juez de policÃa, a quien presentaron el supuesto cadáver como cuerpo del delito.
—Señor —le dijo el Mago—, este hombre que aquà os presentamos tiene la barbarie de matar a las personas y vender su carne en vez de la de carnero: el público espera con ansia que hagáis con él un castigo ejemplar.
El Juez oyó con paciencia la disculpa de mi hermano, mas parecióle tan inverosÃmil lo del dinero mudado en hojas, que le trató de impostor, y juzgando por lo que veÃa, mandó descargarle quinientos palos.
En seguida le obligó a decir dónde tenÃa el dinero, quitóselo todo, y le condenó a destierro perpetuo, después de haberle expuesto a la vergüenza por todo el pueblo hasta tres dÃas repetidos, montado sobre un camello.