Las mil y una noches
Las mil y una noches —Para complaceros lo beberé —dijo Schacabac—, pues que os empeñáis en que nada falte a vuestro banquete, pero como yo no tengo costumbre de beber vino, temo faltar a la urbanidad y tal vez al respeto que se os debe, por lo que os suplico otra vez me dispenséis de beber vino, pues yo me contentaré con un trago de agua.
—No, no —opuso el Barmecida—, vos habéis de beber vino.
Mandó al mismo tiempo que trajeran vino, mas éste no fué más real que los guisados y las frutas; aparentó echarse de beber y beber primero, y luego, haciendo como si sirviese a mi hermano y le presentase el vaso, dijo:
—Bebed a mi salud, y a ver si me decÃs qué tal os parece ese vino.
Mostró mi hermano tomar el vaso, miróle de cerca como para ver si el vino tenÃa buen color, llevólo a las narices para juzgar si olÃa bien, y haciendo en seguida un rendido acatamiento al Barmecida para demostrarle que se tomaba la libertad de beber a su salud, hizo al fin ademán de beber con toda la apariencia de un hombre que está bebiendo regaladamente.
—Señor —dijo—, hallo excelente este vino, pero, a mi entender, no es bastante fuerte.