Las mil y una noches
Las mil y una noches »Adorada Princesa: El amoroso prÃncipe Camaralzamán no os hablará de los inexpresables dolores que experimenta desde la noche fatal en que vuestra belleza le hizo perder la libertad para mantener la resolución que habÃa tomado de no casarse jamás; pero sà os asegurará que os entregó aquella noche su corazón y al mismo tiempo un anillo que era prenda de su amor, y tomó, en cambio, el vuestro. Hoy os envÃa ese anillo junto con está carta. Si os dignáis devolvérselo, se considerarÃa el más feliz de los amantes; y si lo conserváis, morirá resignado y contento por cuanto esa muerte será nueva prueba del amor que os profeso. En vuestra antecámara espera la contestación».
—Toma —dijo al eunuco—, lleva esta carta a tu ama. Si no se cura en cuanto la haya leÃdo, puedes decir que soy el astrólogo más imprudente del mundo.
En efecto, apenas hubo visto la Princesa el anillo, se levantó violentamente, sacudió la cadena con tal fuerza, que logró romperla y salió corriendo a la antecámara.
Reconoció a la primera mirada al PrÃncipe y se abrazaron con infinita ternura.
—Tened —dijo luego la Princesa—, os devuelvo mi anillo, porque quiero conservar el vuestro toda la vida.
El eunuco corrió entretanto a poner en conocimiento del Rey lo que ocurrÃa.