Las mil y una noches
Las mil y una noches Emprendieron los esposos el viaje, y a los varios meses de camino llegaron a una espléndida llanura, donde decidieron acampar.
Mientras el Príncipe dirigía la colocación de las tiendas de su numeroso séquito, la Princesa se retiró a la suya y, para estar más cómoda, se hizo quitar el cinturón por una de sus esclavas. Cuando Camaralzamán volvió a reunirse con su esposa, ésta dormía plácidamente, y viendo el cinturón lo tomó para examinar los brillantes y demás piedras preciosas de que estaba guarnecido. De pronto, observó que entre el forro y la tela había un objeto duro, y, excitada su curiosidad, lo descosió para ver de qué se trataba: era un cuernecillo de coral, un talismán que la reina de la China había entregado a su hija para que fuese feliz mientras no se desprendiese de él.
Camaralzamán salió de la tienda para examinar mejor el talismán, y tuvo la desgracia de que se le cayera al suelo. En aquel momento descendió un pájaro, se apoderó del cuernecillo y, llevándoselo en el pico, remontó el vuelo, bajando de nuevo al suelo a cada momento.