Las mil y una noches
Las mil y una noches —Señor —repuso el capitán—, yo habÃa convenido su embarque con un hortelano de edad avanzada, el cual me dijo que le encontrarÃa siempre en su huerto y me indicó el lugar donde trabajaba…
—Pues siendo asà —interrumpió la Princesa—, debéis haceros a la vela hoy mismo con rumbo a la ciudad de los idólatras y me traéis al joven hortelano; de lo contrario, confiscaré vuestro buque con todo lo que contiene.
El capitán nada tuvo que oponer a semejante mandato y se hizo al punto a la mar. La travesÃa fué muy feliz y arribó de noche al término de su viaje. El capitán desembarcó sin pérdida de tiempo, y acompañado de seis marineros se encaminó al huerto. El propio Camaralzamán salió a abrirles la puerta, y antes de que éste pudiera darse cuenta de nada, los marineros se apoderaron de él y le condujeron a bordo. El buque levó en seguida anclas, y tras de una travesÃa no menos feliz que a la ida, fondeó en la isla de Ébano. El capitán, a pesar de ser ya noche muy avanzada, desembarcó en la isla para acompañar al PrÃncipe a Palacio.
En cuanto Badoure tuvo noticias de la llegada de su marido, de acuerdo con Hayatalnefous sobre lo que habÃan de hacer en lo sucesivo, despojóse de su traje femenino e hizo entrar a Camaralzamán en su aposento.
El PrÃncipe la reconoció en seguida y se arrojó en sus brazos enajenado de gozo.