Las mil y una noches
Las mil y una noches —Hijo mÃo —dijo entonces el rey, dirigiéndose al PrÃncipe—, puesto que vuestra consorte, a la que hasta ahora, y sin motivo de queja, he tenido por yerno mÃo, asegura que verá sin disgusto que compartáis el tálamo conyugal con mi hija, os la doy por esposa, al mismo tiempo que os cedo el trono.
Camaralzamán fué proclamado rey, y, casado el mismo dÃa con Hayatalnefous, quedó encantado de la belleza y de la gracia de su nueva esposa.
Las dos princesas continuaron viviendo juntas en la mejor armonÃa, y el mismo año hicieron a Camaralzamán padre de dos hijos.
Los dos principitos fueron criados con amorosos cuidados, tuvieron los mismos profesores e idénticas preeminencias, y a medida que crecÃan aumentaba el afecto que mutuamente se profesaban.
Como ambos eran igualmente hermosos, las dos reinas concibieron por ellos una ternura indecible, que pronto degeneró en pasión culpable. Badoure se prendó de Assad, hijo de la reina Hayatalnefous, y ésta se enamoró perdidamente de Amgiad, hijo de Badoure.
Pero, no atreviéndose a declararles de viva voz su pasión criminal, les escribieron separadamente, y sin comunicárselo una a otra, dos cartas citándolos en sus respectivos aposentos la misma noche.