Las mil y una noches
Las mil y una noches Sorprendida la Reina por la ausencia de Assad, ordenó a sus esclavos que registrasen el palacio, los jardines y los alrededores; pero el resultado de estas pesquisas no fué otro que el hallazgo de una babucha del Príncipe junto a la fuente.
Sospechó Margiana la verdad de lo ocurrido y mandó que, sin pérdida de tiempo, saliesen diez buques en persecución de Bherán.
Al cabo de tres días de navegación, lograron dar alcance al barco fugitivo, y Bherán, sabiendo cuál era el objeto de aquella persecución, mandó que quitaran las cadenas a Assad y le arrojasen al mar.
Así lo hicieron, pero como el Príncipe sabía nadar, ganó fácilmente la costa, y en cuanto puso el pie en tierra observó con terror que se hallaba a la puerta de la ciudad de los Magos, en la que había sido encarcelado y bárbaramente atormentado por las hijas del anciano adorador.
Como ya era tarde, tomó el partido de refugiarse en uno de los mausoleos del cementerio; pero habiendo desembarcado también Bherán y sus marineros, y no pudiendo entrar en la ciudad por estar las puertas cerradas, se le ocurrió la misma idea que a Assad, y habiéndole descubierto en el cementerio, se apoderaron nuevamente de él.