Las mil y una noches
Las mil y una noches A la mañana siguiente el desventurado Príncipe fué conducido a la casa de los Adoradores, y, encerrado de nuevo en la cárcel, las hijas del viejo volvieron a azotarlo con feroz crueldad.
Sus lamentos, empero, sus lágrimas, su juventud y su belleza movieron a piedad a una de las hijas del Adorador, y, de verdugo que era, convirtióse repentinamente en protectora de Assad.
Algunos días después, la joven oyó al pregonero vocear el siguiente bando:
«El excelente e ilustre gran Visir busca personalmente a su hermano Assad, que desapareció hace un año. La persona que pueda decir su paradero será largamente recompensada; pero si alguno lo oculta o retiene preso, serán decapitados el secuestrador y su familia y demolidas sus casas».
La joven corrió presurosa, quitó las cadenas a Assad y le dijo:
—Ha terminado vuestro martirio: seguidme sin perder momento.
El Príncipe obedeció y la hija del adorador le llevó a la calle, indicándole al Visir en el que reconoció a su hermano Amgiad. Éste le reconoció a su vez y, después de abrazarle repetidas veces, le condujo a Palacio, donde el rey le nombró también Visir.