Las mil y una noches
Las mil y una noches —Señor —respondió Mesrour—, el cadáver es de Nuzat Vlaudat, y su esposo Abou-Hassan sigue tan inconsolable como cuando fué hace poco a presentarse a Vuestra Majestad.
—Yo no doy crédito a este hombre, que es un necio y no sabe lo que se dice —exclamó irritada Zobeida.
—Señora —replicó Mesrour—, os juro por vuestra vida que no miento ni hay falsedad en mis palabras.
—Ahora lo veremos —dijo la Princesa enfurecida.
Y llamó a su anciana nodriza para que fuese al momento a la habitación de Abou-Hassan a fin de enterarse bien de lo ocurrido.
Abou-Hassan, que continuaba de centinela, vió a la nodriza de Zobeida, y sin titubear un solo instante se dispuso a hacer el muerto.