Las mil y una noches
Las mil y una noches 
EN la capital de un reino de la China, muy rico y de vasto territorio, había un sastre llamado Mustafá, pobre en extremo, y cuyo trabajo apenas le daba para mantener a su mujer y a un solo hijo que tenía.
Aladino (tal era el nombre del hijo del sastre) se había educado en el más completo abandono, y por lo tanto adolecía de grandes defectos y de perversas inclinaciones. Desobediente a sus padres y aficionado a la holganza, pasaba los días enteros fuera de su casa, jugando en las calles con vagabundos de su edad y de su especie.
Quiso el padre enseñarle el oficio de manejar la aguja, pero no pudo conseguirlo de grado ni por fuerza, y Mustafá, afligido al ver las malas inclinaciones de su hijo, fué atacado de una enfermedad que al fin le llevó al sepulcro al cabo de algunos meses.