Las mil y una noches
Las mil y una noches Y en unión de su esposa Nuzat se postraron a los pies del Califa y de Zobeida, los cuales prorrumpieron en una ruidosa carcajada al verlos desenvolviéndose a escape del ropaje que les cubría.
Después de perdonarles el susto y todas las inquietudes pasadas, exigió el Califa que Abou-Hassan se explicase, y éste refirió con su gracia característica que, estrechados por la escasez, habían imaginado aquel medio para sacar el dinero que les hacía falta.
Lejos de manifestarse enojados el Califa y Zobeida y contentos por ver buenos y sanos a sus respectivos favoritos, dieron a cada uno mil monedas de oro y magníficos regalos, para que otra vez no se les ocurriese ni en broma aparecer como difuntos.
Por este medio, Abou-Hassan y su esposa, Nuzat Vlaudat, conservaron largo tiempo la privanza del Califa y de Zobeida, viviendo por consiguiente en la abundancia durante el resto de sus días.
Mucho complació a Schariar el cuento del Durmiente despierto, y Scheznarda dió principio en la siguiente noche a la historia siguiente.