Las mil y una noches

Las mil y una noches

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Al oír estas palabras, se arrojó el mágico africano al cuello de Aladino, abrazándole y llorando con amargo desconsuelo. El muchacho le preguntó la causa de su aflicción, y entonces le dijo que reconociese en él a su tío, que era hermano de Mustafá, y que de regreso de un largo viaje, cuando esperaba verlo, recibía de pronto la noticia de su muerte. El extranjero se informó en seguida del sitio en que vivía la madre de Aladino y dió a éste un puñado de monedas para que se las llevase a la viuda, asegurándole que iría a verla al siguiente día.

Aladino se separó del supuesto tío y fué corriendo a buscar a su madre, a quien refirió la aventura, pero la buena mujer le dijo que no sabía existiese tal pariente, pues el único hermano que tuvo su difunto esposo había fallecido hacía ya algunos años.

Al día siguiente se apareció de nuevo a Aladino el mágico africano, el cual dió a su sobrino, como le llamaba, algunas monedas de oro para que se las llevase a su madre, a fin de que dispusiera una comida a la que pensaba asistir. Pidió nuevos informes de la casa de su cuñada, Aladino se la enseñó perfectamente, y el extranjero se alejó con toda lentitud de la plaza donde jugaba nuestro héroe.


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