Las mil y una noches
Las mil y una noches 
EN la ciudad persa situada en los confines de estos reinos, vivían dos hermanos llamados el uno Cassim y Alí Babá el otro. Cassim se casó con una mujer rica; pero Alí Babá, por el contrario, lo hizo con una muy pobre, y su único medio de subsistencia era cortar leña que cargaba luego, para venderla en la ciudad, sobre tres asnos, cuyos pacientes animales constituían todos sus bienes de fortuna.
Estaba un día Alí Babá en el bosque, entregado a su ordinario ejercicio, cuando vió a lo lejos un grupo de hombres a caballo que se adelantaban hacia él, envueltos en una espesa nube de polvo.
Aunque en el país no se hablaba de ladrones, Alí los tomó por tales, refugiándose en la copa de un árbol al pie del cual se detuvieron los jinetes. Eran éstos cuarenta hombres, altos, fornidos, armados hasta los dientes, y que al llegar al tronco de dicho árbol echaron pie a tierra, descargando unos sacos que Alí Babá juzgó, por lo pesados, que estarían llenos de oro y plata. El que parecía, capitán de la partida se acercó a una gran roca inmediata a aquel sitio y pronunció las siguientes palabras:
—¡Sésamo, ábrete!