Las mil y una noches
Las mil y una noches —Madre mÃa —dijo un dÃa Codadac—, me cansa permanecer aquà ocioso; tengo ambición de gloria, y quisiera que me dejarais ir a ganarla a los campos de batalla. El Rey, mi padre, tiene muchos enemigos, y yo, estoy mano sobre mano, cuando mis hermanos combaten al lado suyo; esto es insoportable y vergonzoso.
—Hijo mÃo —le respondió Pirouze—, nadie desea como yo verte sobresalir; pero es preciso aguardar a que lo mande tu padre.
—Pues deseo distinguirme al momento y merecer el aprecio de mi padre antes de que me conozca.
Aprobó Pirouze tan noble determinación, y el joven salió de Samaria sin decir nada al PrÃncipe su tÃo, y con pretexto de ir a una partida de caza.