Las mil y una noches
Las mil y una noches ¡Cuál no fué el asombro de Codadac al ver a sus hermanos entre los prisioneros! Los prÃncipes no hallaban palabras bastante expresivas para manifestar a Codadac su reconocimiento; abrazáronse mutuamente, visitaron el palacio, que contenÃa inmensas riquezas, recogió cada cual las que le pertenecÃan, y partieron todos de aquel lugar funesto, a excepción de la hermosa joven, de Codadac y de sus hermanos. Preguntó el valiente mancebo a la dama adónde querÃa que la condujese, y ella le respondió:
—PrÃncipe, soy hija de rey, de un paÃs muy distante, y me he alejado de mi patria para siempre. Un usurpador infame asesinó a mi infeliz padre, apoderándose del trono, y me he visto precisada a huir para librarme de la muerte.
Estas palabras excitaron la curiosidad de Codadac y de sus hermanos, y a instancia de éstos, la Princesa comenzó asà la relación de sus aventuras: