Las mil y una noches
Las mil y una noches Se refugió en un cementerio muy grande donde había una palmera.
Tendido sobre la hierba, trató de dormir, pero la zozobra se lo impidió. Vió una luz allí a lo lejos.
El miedo se apoderó de él y, empujando la puerta, salió y se encaramó a la copa de la palmera.
Apenas hubo subido, vió entrar en el cementerio tres esclavos.
Uno de ellos llevaba una linterna y los otros dos le seguían cargados con una voluminosa caja.
Pusiéronla en el suelo y dijo uno de los tres:
—Sepultemos esta caja, como nos ha sido ordenado.
Cavaron un profundo hoyo, enterraron la caja y salieron fuera del cementerio.
Todo lo había oído Ganem desde lo alto de su escondrijo.
Resuelto a descubrir el secreto, bajó al momento del árbol y cavó en el hoyo hasta descubrir la caja, que encontró cerrada con un sólido candado.
Con la misma herramienta que había usado para cavar y que allí encontrara, forzó el candado y abrió la caja.
En vez de encontrar en ella dinero, como había supuesto, Ganem quedó pasmado viendo allí una doncella de una belleza sin par.