Las mil y una noches

Las mil y una noches

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—Comendador de los creyentes —dijo Zobeida—, yo lo he ordenado para honrar a Tormenta, vuestra esclava, que murió tan de repente que nada pudo hacerse para curar su mal. He cuidado yo misma de las exequias y nada, he escatimado para que resultasen soberbias. He mandado erigir un mausoleo para ella, que os mostraré si lo deseáis.

El Califa no quiso que Zobeida se tomase esa molestia y se hizo acompañar por Mesrour.

Cuando vió el rico mausoleo y sus adornos, creyó sospechoso que Zobeida hubiera celebrado con tanta, pompa las exequias de su rival y creyó que su amante quizás no había muerto.

Para averiguar por sí mismo la verdad, hizo abrir la fosa y el féretro en su presencia, mas apenas hubo visto el lienzo que envolvía el leño, no se atrevió a mirar más.

Aquel religioso Califa temió ofender la religión si permitía que se tocase el cuerpo de la difunta. No dudando, ya de la muerte de Tormenta, hizo cerrar otra vez el féretro, rellenar la fosa y volvió el mausoleo a su primer estado.

Treinta días duró el luto, las oraciones y las vigilias que el Califa ordenó sobre la tumba de Tormenta.


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