Las mil y una noches
Las mil y una noches —Giafar, tu presencia es necesaria para la ejecución de una orden importante que voy a encargarté. Toma cuatrocientos hombres de mi guardia, infórmate dónde vive el mercader de Damasco llamado Ganem, ve a su casa y derrÃbale hasta sus fundamentos, pero antes apodérate de él y condúcelo aquà junto con Tormenta mi esclava, que está en su casa desde hace cuatro meses.
El gran Visir extendió su diestra en señal de que querÃa perderla antes de desobedecer, y salió.
Tormenta y Ganem acababan de comer en aquel momento.
La primera estaba sentada junto a una ventana y por ella vió al gran Visir que se acercaba y supuso que venÃa a prenderla a ella y a Ganem.
ComprendÃa que su billete habÃa llegado a su destino, pero no esperaba una contestación semejante, creyendo que el Califa habÃa tomado la cosa bajo otro aspecto.
—¡Ah, Ganem! Estamos perdidos; nos vienen a prender a los dos.
Atisbó él por la celosÃa y, presa del espanto, vió a la guardia con el gran Visir y el juez de policÃa a su frente.
Quedó mudo de terror.