Las mil y una noches

Las mil y una noches

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ganem —sugirió la favorita—, no hay tiempo que perder: si me amáis, tomad pronto el vestido de uno de vuestros esclavos, tiznaos la cara y los brazos de hollín, colocaos alguno de estos platos en la cabeza y así os tomarán por un joven sirviente y os dejarán marchar. Si os piden por el dueño, responded sin vacilar que está en casa.

El joven no sabía qué hacer y se habría dejado, sin duda, sorprender si Tormenta no le hubiera dado prisa en disfrazarse. Así lo hizo y sólo pudieron abrazarse tiernamente. Tal era su mutuo dolor, que no les fué posible pronunciar una sola palabra.

Ganem logró escapar, y mientras esto sucedía, el gran Visir entró en la cámara de Tormenta, sentada en un sofá y rodeada de cofres repletos de las mercancías de Ganem y del dinero que de ellas había sacado.

Apenas Tormenta vió entrar al gran Visir, se postró con el rostro a tierra, como si se dispusiera a sufrir la muerte.

—Señor —dijo—, pronta estoy a recibir las órdenes del Comendador de los creyentes contra mí. No tenéis más que comunicármelas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker