Las mil y una noches
Las mil y una noches —Comendador de los creyentes, después de dar las gracias a Vuestra Majestad por Ganem, os suplico que se publique en el reino el perdón del hijo de Abou Aibou, y que él no debe hacer otra cosa sino venir a visitaros.
—Haré más —añadió el PrÃncipe—; puesto que te ha conservado la vida, y para recompensarle la consideración que ha tenido para conmigo, resarcirle de la pérdida de sus bienes y reparar el mal que he hecho a su familia, te lo doy por esposo.
Tormenta no podÃa encontrar expresiones bastantes para dar las gracias al Califa por su generosidad.
Después se retiró a sus antiguas habitaciones, donde encontró los cofres y los fardos de Ganem, que Mesrour habÃa tenido cuidado de traer.
Publicóse al dÃa siguiente, por orden del Califa, el perdón del hijo de Abou Aibou, publicación que fué inútil, puesto que transcurrió mucho tiempo sin que se oyese hablar de aquel joven mercader.
Tormenta creÃa sin duda que no habÃa podido sobrevivir, al dolor de haberla perdido; mas, como la esperanza es la última cosa que abandonan los amantes, suplicó al Califa que le permitiese a ella misma hacer las pesquisas en busca de Ganem. Y concedido asà por el Califa, tomando ella una bolsa con mil piastras de oro, salió una mañana sobre una mula de las caballerizas del Califa: dos eunucos la acompañaban.