Las mil y una noches
Las mil y una noches No dudando de que Tormenta se encontraba con la madre y con la hermana del hijo de Abou Aibou, ordenó que fuesen conducidas a su presencia, y ellas, en cuanto entraron, se prosternaron delante de él.
Después que las hizo levantarse, quedó admirado de la belleza de Fuerza de los Corazones, y habiéndola contemplado atentamente, le dijo:
—Tan grande es el dolor que siento por haber tratado con tanta inhumanidad vuestra belleza, que os debo una compensación que supere a la ofensa que se os hizo. Quiero que seáis mi esposa, y así quedará castigada Zobeida, que será de este modo la causa de vuestra felicidad, como lo fué de vuestras pasadas desgracias. Y no todo consiste en esto —prosiguió volviéndose a la madre de Ganem—; señora, vos sois joven aún y creo que no desdeñaréis la alianza con mi gran Visir.