Las mil y una noches
Las mil y una noches —Eso que dices es un disparate —replicó asombrada la Princesa—; las perlas no se comen, y además todas las que yo tengo no bastarÃan para hacer el relleno.
—No os apuréis por ello —dijo el pájaro—; id mañana, de madrugada, al pie del primer árbol del parque, cavad a mano derecha, y allà encontraréis las perlas que os hagan falta.
La Princesa mandó llamar a un jardinero, hizo que cavase, y a cierta profundidad tropezó el hombre con un bulto que era un cofrecito de oro. Abriólo la Princesa y vió que estaba lleno de perlas de igual tamaño; gozosa con su tesoro, fué en busca de sus hermanos, los cuales quedaron atónitos al contemplar tanta riqueza y saber el origen de ella. Se dispuso en seguida un espléndido banquete para obsequiar dignamente al soberano, y el cocinero se quedó sorprendido cuando la Princesa le ordenó que hiciese un plato de cohombros rellenos con las perlas que le presentó.