Las mil y una noches
Las mil y una noches —Señor, al tercer año ya no valen nada y es preciso tirarlas.
—Siendo asÃ, mira ese tarro y dime cuánto tiempo hace que fueron puestas las aceitunas.
—Muy pocos dÃas —respondió el otro, después de probarlas, o de fingir que lo hacÃa.
—Os engañáis —replicó el Cad×. Alà CojÃa asegura que las puso en la vasija hace ya siete años.
—Las aceitunas —dijo el vendedor— son de este año, y lo sostengo delante de todo el mundo.
El acusado quiso replicar, pero el Cadà no se lo permitió.
—Eres un ladrón —le dijo—, y mando que te ahorquen inmediatamente.
Los niños aplaudieron con alegrÃa la sentencia, arrojándose sobre el supuesto reo, como si le llevasen a ahorcar.
El Califa estaba entretanto admirado de la sabidurÃa y talento del niño, y mandó al Visir que al dÃa siguiente llevara al chico a Palacio, para que él mismo sentenciase el asunto en su presencia.
—Avisa también —dijo al Visir— al que absolvió al mercader ladrón, a fin de que aprenda a tener experiencia, y dile a Alà CojÃa que lleve el tarro en cuestión, y que vayan además dos vendedores de aceitunas a la audiencia.