Las mil y una noches
Las mil y una noches —Sidi Noman —le dijo el Califa—, serénate y hazte cargo de que no cuentas tu historia al monarca, sino a un amigo que te lo suplica. Habla sin zozobra, y franquéame los secretos de tu corazón.
El joven, reanimado un poco con las últimas palabras del Califa, dijo:
—Señor, no me atreveré a decir que sea el hombre más virtuoso, pero no soy tan perverso que cometa voluntariamente una crueldad, y confÃo en que Vuestra Majestad me perdonará si en algo falto a mis deberes al conducirme de tal suerte. Pero creo que soy más digno de compasión que de castigo. He aquà el relato de mi vida.