Las mil y una noches
Las mil y una noches Cierto dÃa fué a la tienda una mujer a comprar pan; yo estaba echado en el mostrador, como de costumbre, y la recién llegada puso delante de mà seis piezas de plata, entre las que habÃa una falsa. Al instante la separé, y la mujer, mirándome fijamente, me dijo que, en efecto, no me habÃa engañado. Continuó largo rato contemplándome, pagó el pan, y al retirarse me hizo seña de que la siguiese sin que mi amo lo notara. Pensando yo siempre en los medios de librarme de una transformación tan extraña, creà que aquella mujer habrÃa maliciado algo de mi desventura, y no me engañaba; asà es que salté del mostrador, mientras el panadero limpiaba el horno, y seguà a la desconocida, que se mostró muy contenta y satisfecha.
Después de cruzar por varias calles, llegamos a su casa, y me dijo:
—Entra y no te arrepentirás de haber venido conmigo.
En seguida cerró la puerta y me condujo a su cuarto, en donde vi a una joven de extraordinaria belleza, que estaba bordando. Era la hija de aquella mujer, diestrÃsima en el arte mágico, según tuve ocasión de conocer muy pronto.