Las mil y una noches
Las mil y una noches La fausta nueva cundió pronto por la ciudad y de nuevo volvieron a oÃrse los más subidos elogios del Sultán, sabio, prudente y generoso.
A la mañana siguiente el Sultán reunió su Consejo y dijo, dirigiéndose al Visir:
—Que el Cielo te recompense por el servicio que has prestado al Imperio y a mà mismo, interrumpiendo el curso de mis crueldades. Tu hija Scheznarda, que me ha dado tres hijos, es mi esposa favorita.
Inmediatamente ordenó que durasen treinta dÃas las iluminaciones del palacio y los banquetes, a los que serÃan admitidos todos los que llegasen, en honor de la sultana Scheznarda.
Al mismo tiempo hizo riquÃsimos presentes a sus cortesanos y repartió cuantiosas sumas entre los pobres, que le bendecÃan con lágrimas de gratitud y de alegrÃa.
El Sultán vivió muchos años, sin que ningún hecho desagradable turbase la paz de su próspero reinado.
FIN