Las ultimas cartas de Stalingrado
Las ultimas cartas de Stalingrado En mi pabellón se alojan más de ochenta hombres, pero fuera de él lo hacen incontables camaradas. Desde aquí se oyen gritos y sus gemidos y nadie puede socorrerles. A mi lado hay un sargento de Bromberg que tiene el vientre destrozado por la metralla. El médico mayor le dijo que pronto se iría a casa, pero a los sanitarios les dijo: «No pasará de esta noche, dejadle ahí hasta que muera». El médico mayor es un buen hombre, sin embargo. Al otro lado, junto a mí y cerca de la pared, yace un soldado de infantería de Breslau, al cual le falta un brazo y la nariz y que me dijo que ahora ya no necesitaba pañuelo. Al preguntarle yo qué hacía cuando tenía que llorar, él me contestó: «De todos los que estamos aquí, incluidos tú y yo, ninguno volverá a llorar más. Otros llorarán pronto por nosotros».