Las ultimas cartas de Stalingrado
Las ultimas cartas de Stalingrado Esta carta no sólo es breve sino que es la última que te escribo. Ya no tendré nuevamente ocasión de escribir cartas, incluso en el caso de que quisiera hacerlo. Tampoco cabe ya imaginar que alguna vez pudiéramos encontrarnos cara a cara y tuviera que decirte lo que pienso. Y como sea que no voy a escribirte ninguna carta más, voy a recordar de nuevo tus palabras del 26 de diciembre: «Te alistaste voluntario y fue cosa fácil estar bajo la bandera en tiempos de paz, pero resulta difícil mantenerla en tiempo de guerra. Tienes que ser fiel a esta bandera y triunfar con ella». Estas palabras expresaban claramente tu actitud de estos últimos años. Tendrás que acordarte de ellas aún, pues se está anunciando la época en que todos los hombres juiciosos de Alemania condenarán la locura de esta guerra y tú habrás de comprender cuán vacías son las palabras que se dicen sobre la bandera con la cual yo debiera vencer.
No hay victoria, mi general, no hay más que bandera y hombres que caen y al final no habrá ni bandera ni hombres. Stalingrado no es en absoluto una necesidad militar, sino una arriesgada aventura política. Y su hijo de usted no colaborará en este experimento, mi general. Usted le cerró el camino de la vida y él elegirá el camino opuesto, que también conduce a la vida, pero en el otro lado del frente. Piense en sus palabras y es de esperar que cuando se desplome todo el tinglado, recuerde usted la bandera y se mantenga fiel a ella.