Poesia oral
Poesia oral llora, no sabe que él no vuelve».
Entonces la madre fuerte el corazón contuvo,
no echó una lágrima del corazón.
A la mañana cuando surge el día,
vienen dos negros cuervos volando,
sangrientas las dos alas junto al cuello,
blanca espuma de sus picos goteando;
de un guerrero traen la mano
(un anillo de oro en el dedo brilla)
y la arrojan al regazo de la madre.
La infeliz madre levanta la mano,
y la mira, la vuelve y le da vueltas,
después a la esposa de Damián reclama:
«Oh, nuera mía, esposa de Damián,
¿sabes quizá de quién es esta mano?».
De Damián habló la esposa:
«Oh, madre mía, madre de Damián,
¡es la mano de nuestro Damián!
La conozco, madre, por este anillo;
¡el anillo de nuestras bodas!».
Y de su Damián la mano vuelve
la infeliz madre y le da vueltas,
y humilde habla con aquella mano:
«Oh, mano mía, duro acerbo mío,
¿quién te cortó, adónde te soltaron?
Desde mi entraña en la que has crecido,
¡te arrancaron de Kósovo en las tierras!».