Poesia oral
Poesia oral Y se llenó de la madre el corazón,
se llenó de lágrimas y estalló.
El cautiverio de Dúlich Ibrahim[1] (fragmento)
(Retorno del héroe a su hogar)
Entonces Huso se dirigió a la habitación y le trajo el tambur de madre perla. Cuando Dulic lo tomó en sus manos, lo pulsó y empezó a cantar; cantó con voz sonora y clara acompañándose de un leve rasguido.
«No me pregunto por mi anciana madre, pues sus ojos le han claudicado y no puede ver a su único hijo, Ni me pregunto por mi hermana Fátima. La dejé hace mucho tiempo cuando ella era sólo una niña de siete años, y por lo tanto no reconoce a su propio hermano. Pero sí me pregunto por Huso, el casero. ¿Cómo es esto, Huso? Deberías avergonzarte, pues hemos vivido junto muchos años. ¿No reconoces a tu dueño, tu dueño Dúlich, el portaestandarte? ¡Yo soy Dúlich, el portaestandarte en persona!».
(La batalla)