Poesia oral

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Cuando las dos fuerzas se encontraron, relampaguearon los sables y manó la sangre. Rodaban cabezas de hombres y los miembros muertos se crispaban. Los heridos y moribundos lanzaban gemidos. Uno decía: «¡Ay, ay, no me pises, camarada!» y otro se lamentaba: «¡Levántame, camarada!». Como es habitual en la guerra, pasaban a la carrera caballos, sin jinete. Los hombres se despedazaron hasta el mediodía. De repente una nube oscureció la montaña, una nube la oscureció por todas partes. Los guerreros se despedazaron durante dos días enteros, durante dos días y tres noches enteras. Cuando despuntó la cuarta mañana, nubes oscuras envolvieron la montaña. Los turcos se precipitaron desde las montañas y cayeron sobre la llanura de Zadar. Una fuerza más poderosa llegó de Zadar y vino a enfrentarlos. Entonces se despedazaron sobre la llanura verde; se acuchillaron entre sí durante un día entero, hasta el crepúsculo. Una nube cubrió toda la llanura, y nadie pudo reconocer a ningún otro. Entonces Tale alzó sus armas y rogó a Dios que hiciera soplar el viento de la montaña, de modo que él pudiera ver qué ejército estaba perdiendo, cuál estaba perdiendo y cuál lograba la victoria.





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