Poesia oral
Poesia oral ese camino hollé para poder entrar
en la casa de Rauhirawi.
No te enojes conmigo, señora; soy sólo una extranjera.
Para ti, ahí está el cuerpo de tu esposo;
para mí, sólo queda la sombra del deseo.
* * *
¡Ah, el dolor que ahora me roe el corazón
por haberte perdido, ah mi amado!
¡Cuántas veces, por la blanca orilla del mar
iba yo andando, alegre el corazón,
a nuestro hogar, nuestro Koiti;
y veía cómo al atardecer, Ra pone las nubes rojizas,
ese tatuaje que tu antiguo padre,
Pa-wai-itiri, dibujó en los cielos!
Pero no es cosa nueva, la muerte.
La muerte es y siempre ha sido, desde que Mawi en lo antiguo pereció.
El Pata-tai rió en voz alta
y despertó a la temida diosa;
y ella lo separó y lo encerró en tinieblas.
Llegó así la penumbra de las tardes,
y Ti-wa-waka alzó el vuelo y fue a posarse en la barrera,
por encima de ella se arrojan los desechos
del lar y la casa del hombre.