Robin Hood
Robin Hood —SÃ, convengo en que vos me disteis los treinta hombres, pero ¿qué pasó? ¡La expedición fracasó, a pesar de ellos!
—¿Y eso a mà qué me importa? Ya sé que aquello fue un fracaso y sé también que yo perdà armas y las treinta mejores armaduras que habÃa en el castillo —dijo Bellame levantando el tono—. Lo tratado era que yo os darÃa la fuerza a cambio de vuestra pupila, y no que me encargarÃa de dar caza yo a ese bandido sajón. ¿Y para qué vamos a discutir más? Ante vuestra mala fe, padre Hugo, no puedo oponer más que la fuerza y os doy a elegir: ¡O cumplÃs vuestra palabra o me tendréis de enemigo!
—Vayamos poco a poco —dijo en tono conciliador el avieso sacerdote—, pues no es cosa de disgustarse por eso. Si os ponéis en ese tren os casaréis con Mariana, y asunto concluido.
—Asà era lo convenido —dijo Isambart serenándose de golpe.
—Bien —siguió diciendo Hugo—, enviaré a alguien de Kirkless para convencer a la muchacha que, entre paréntesis, os diré que no tiene ninguna vocación para monja, y…
—¿Cuándo? —Le interrumpió Isambart.
—Mañana mismo.