Robin Hood
Robin Hood —Ahora queda aún algo por hacer —dijo Robin después de recibir el juramento del sheriff.
Mariana, querida mÃa, alcánzame, por favor, una pluma bien biselada y tinta, con la que nuestro sheriff pueda escribir con claridad.
Tomó una flecha de las de su uso y alcanzándosela al sheriff junto con la pluma y la tinta que ya habÃa traÃdo Mariana, le dijo:
—Escribid en esta flecha vuestro nombre. Muy bien, veo que lo hacéis con serenidad y con el pulso firme. Ahora escuchad: Yo no he cometido ningún delito para que se me persiga como a un criminal; vos habéis puesto precio a mi cabeza alentando con ello un asesinato en el espÃritu de la pobre gente necesitada de dinero; habéis venido a buscarme en mi propia morada para darme caza como se hace con un ciervo o con un jabalÃ; yo he podido mataros y no he hecho daño alguno ni a vos ni a vuestro hombres; pues bien, os juro, Roberto de Rainault, que tan pronto como volváis o mandéis a alguien contra mÃ, esta flecha en la que habéis escrito vuestro nombre se clavará en vuestro malvado corazón.
—El oro que exiges estará en el sitio indicado —dijo el sheriff por toda respuesta.