Robin Hood
Robin Hood Dejando al caballero Richard con su asombro, Robin dispuso, una vez todos reunidos, emprender cuanto antes la marcha hacia sus dominios de la selva.
—En cuanto a vos, caballero, y aunque me hayáis dado un nombre que es imposible que tengáis, ¿queréis venir con nosotros a descansar y reponeros?
—Muy a gusto —respondió sir Richard—. Pero ¿por qué decÃs que no puedo llamarme como os dije?
—Porque ese Richard at Lea murió al naufragar el barco que lo llevaba a Tierra Santa a unirse al rey Ricardo, que se hallaba peleando contra los sarracenos. Es una vieja y muy sabida historia y yo debo ser el mago que vos decÃs si soy capaz de sacar vivo de las mazmorras de Isambart de Bellame a un hombre que murió en el mar…
—¿Los calabozos de Isambart? —preguntó, asombrado, el caballero—. ¡Pero si ese castillo, de cuyas prisiones me sacasteis, pertenece a un individuo a quien llaman Rogelio el Cruel! ¡Nunca he oÃdo hablar de Isambart de Bellame durante mi largo cautiverio!
—Aquà hay un misterio —comentó Robin—, pero pongámonos en marcha y en el camino nos narraréis vuestra historia; por lo pronto, sabed que en la selva de Sherwood, adonde nos encaminamos, estaréis bajo la guardia de Robin Hood y su banda.
—Tampoco oà nunca hablar de Robin Hood…
