Retorica
Retorica Lo que caracteriza al uso retórico de las especies propias es, por consiguiente, el que ellas se asimilan a tópicos; es decir, el que, sin dejar de ser propias, funcionan al mismo tiempo como comunes, por cuanto representan opiniones que todos (o los más) admiten y que sirven, por ello mismo, como criterio de verosimilitud para todos los casos que le son semejantes. Nuestra Retórica adopta una terminología muy característica para expresar esta conversión formal de las especies llamándolas, si se trata de atender a su función tópica, lugares propios (ídioi tópoi, o simplemente tópoi, pero no koinoì tópoi); y si se trata de atender al carácter general de las proposiciones resultantes, enunciados o premisas comunes (koinaì protáseis)[302]. Al abrirse, en suma, a la técnica de seleccionar enunciados según tales especies, Aristóteles no cree contradecir —ni ciertamente lo hace— la retórica de los lugares comunes, sino que más bien concibe su nuevo punto de vista como un desarrollo de esta misma. Y, de hecho, como con razón se ha argumentado contra Solmsen, el cap. II 22, 1396b3-18 vuelve a referirse a ambas técnicas, presentándolas (aunque con otros referentes) como distintas, pero complementarias.