Los Lanzallamas
Los Lanzallamas El Astrólogo con el pie aplasta una colilla que Barsut acaba de arrojar, cierra los brazos de un compás de bronce, abierto sobre el escritorio, y continúa:
—Erdosain creÃa que un crimen modificarÃa su vida. Yo en cambio, estaba seguro de que el crimen no modificarÃa absolutamente en nada su naturaleza psicológica. HabÃa que probar, sin embargo, y las circunstancias no podÃan presentarse mejor.
—¿Y usted qué siente por Erdosain?
—Un gran afecto. Representa para mà la humanidad que sufre, soñando, con el cuerpo hundido hasta los sobacos en el barro.
—Yo le he pegado.
—No se preocupe. Ese pecado lo tendrá que pagar algún dÃa…
—¿Y yo para usted qué soy?
—El que busca. No la verdad; a usted no le interesa la verdad. Usted busca algo que lo distraiga. Más adelante le interesará la verdad. Los hombres, como las criaturas, sienten necesidad de juguetes, de apariencias. Algunas criaturas se aburren inmediatamente de los juguetes, porque los juguetes carecen de vida. Erdosain pertenece a ese grupo; otros, en cambio, se atan a las apariencias.
—Yo.
—Eso mismo.
—¿Y cómo se busca la verdad?