Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Como un escorpión en un círculo de llamas se retuerce el “fioca”. Tiene la sensación de que hace un siglo están esa voz suave y esa terrible mirada aceitosa hurgándole la memoria y arrastrándolo por el sufrimiento y los cabellos, hacia el trágico momento de la noche oscura en que los “otros” le desfondaron el pecho de un balazo. Algo parecido a un razonamiento oscila una chispa de lógica en su entendimiento. Si se salva, lo coserá a puñaladas. Y si no, morirá en su ley. ¿Para qué “batir”? Si le parece que es ahora cuando se hizo besar los pies por el Pibe Miflor. Y en su imaginación el tiempo corre… Está curado, y de pronto lo ve al Pibe arrinconado. El lo afaena, y su cuchilla penetra en la tierna carne del vientre del otro, como una daga en la pulpa de una banana…
—¿Te llevaste la mujer? ¿Fue el Pibe Miflor?
Por primera vez en los oídos del moribundo encuentra eco la palabra mujer. Como en un film, en el que la máquina hace marchar demasiado despacio la película, alargándose perpendicularmente todas las palabras, esta vez la palabra “mujer” se alarga en su tímpano, extraordinariamente.
—¿Así que las "paicas"44 eran mujeres?…