Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Preocupaciones serias no le descubrà sino una: deseaba estudiar la magia negra para dedicarse a la brujerÃa. No sé dónde habÃa leÃdo algo de espiritismo, y aunque era reservada, en cuanto se tocaba este tema su rostro se transformaba de entusiasmo. Hablaba de un primo sacerdote, el cual entendÃa de conjuros y magia. Es posible que asà fuera. Lo evidente es que la muchacha era una endemoniada, que terminarÃa por perder el poco seso que le quedaba si se hubiera metido de lleno en esas ciencias, incomprensibles para mÃ. Más aún, recuerdo que una tarde la sorprendà como hipnotizada, en el dormitorio a oscuras, contemplando un vaso de agua. Le pregunté qué hacÃa, y me contestó que mirando durante largo tiempo, fijamente, un vaso de agua, aparecÃan en forma de figuras los sucesos de que se componÃa el futuro de uno. Le dije que se dejara de tonterÃas y que fuera a la cocina a preparar el té.