Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —No he tenido infancia, no he tenido compañeros, no he tenido padre, esposa, ni amigos. ¿No es espantoso esto?
El corazón le late con una delicadeza de órgano que por sà mismo tiene miedo de romperse. Deja de evocar desastres, quedando sumergido ―no pudo precisar por cuánto tiempo― en una especie de somnolencia más densa que una siesta.
De pronto recobra conciencia de la realidad. Alguien que ha entrado subrepticiamente a su cuarto le toca con suavidad en el hombro. Sin embargo, Erdosain no se resuelve todavÃa a despertarse. Trata de localizar con los ojos cerrados de dónde proviene el inesperado hedor de aceite de ricino que ahora llena su cuarto.
La persona que lo llama insiste en su propósito de querer despertarlo mediante suaves toques en la espalda. Erdosain entreabre lentÃsimamente los párpados. De esa manera puede espiar sin demostrar que se encuentra despierto.