Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Pero qué importa. Trabajando para conseguir el dinero o el poder o la gloria no se aperciben que se va acercando la muerte. Pero yo, ¿en qué quieres que ponga mis ilusiones? Decime. Le he escupido en la cara a una muchacha. Esa muchacha algún tiempo después volvió a mí. Le pregunté entonces: “¿Estás dispuesta a tirarte a la calle para mantenerme?”. Y me contestó que sí. La eché porque me daba lástima. He corrompido a una criatura de ocho años. Me he dejado abofetear. He robado. Nada me distrajo. He permanecido siempre triste…
Luciana se incorpora sentándose junto a Erdosain. Le acaricia la frente despacio.
—¿Por qué hiciste todo eso? ¿No sabés que en el mal no se encuentra la felicidad?
—¿Y qué sabés vos si yo busco la felicidad? No; yo no busco la felicidad. Busco más dolor. Más sufrimiento.
—¿Para qué?